La leyenda del pez tenedor

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Cuenta la leyenda que en el mar vivía una sirena llamada Emilia. Esta sirena hpez tenedor 2abía defraudado la confianza de su familia, pues varias veces había tomado tesoros que no eran de ella para adornarse.

Un día, después de que la amonestaron por tercera vez, el dios del mar la condenó a no tener manos para no poder tomar lo que no era suyo.

Emilia lloró largamente. Ya que no había forma de recuperar sus manos, el dios del mar era muy estricto.

Cerca de la sirena habitaba un pez que estaba enamorado de ella. Era hermoso, con las escamas de muchos colores y una larga y ondulada cola. El pez se paseaba delante de Emilia esperando que ella le hablara. Pero la sirena estaba demasiado triste y no solo no tenía ganas de hablar, también tenía mucha hambre, porque sin manos no podía alcanzar la comida.

El pez se paseaba y se paseaba. La sirena al principio no lo había notado, pero finalmente, vio que hacía tiempo que él nadaba a su alrededor.

—¿Me harías un favor? —preguntó Emilia.

—Sí, ¿qué deseas? —respondió él.

—¿Me alcanzarías un collar de perlas que está en el cofre de mi madre?

El pez dudó, pero era tanto lo que quería a la sirena que finalmente aceptó ir por las perlas.

Cuando el dios del mar vio que ella había preferido lucir unas perlas en lugar de comer, se enojó mucho y creó una tormenta que arrebató el collar del cuello de la muchacha.

El pez la vio entristecerse nuevamente, era tan grande su amor por ella que se dio cuenta de que hacía tiempo que no comía.

Entonces le dijo:

—Yo voy a traerte un poco de alimento, te vas a enfermar si no comes.

—Prefiero morirme de hambre, antes que estar así, sin joyas ni adornos.

El pez no podía creer lo que ella decía y le respondió:

—No puedo hacerte caso, tienes que vivir porque si no el que moriría sería yo.

Ella lo miró y vio en sus ojos que era sincero y comenzó a llorar. Tanto lloró que al fin surgieron de sus ojos lágrimas de arrepentimiento y esas lágrimas enternecieron al dios del mar quien no se decidía a revertir el castigo.

El pez buscó alimento que iba trayendo con su boca, pero tenía que hacer un esfuerzo tan grande para transportarlo que muchas veces se le caía y se lo comían otros peces.

Entonces el dios del mar, conmovido por la voluntad del enamorado, transformó su cola en un tenedor con el que podía llevar la comida sin que se le cayera.

Pasó un tiempo y finalmente, la sirena sinceramente arrepentida se enamoró del pez. Cuando se dio cuenta de esto, el dios del mar le devolvió sus manos para que pudieran nadar y buscar alimentos los dos juntos en el extenso mar.

Pero el dios dejó la cola del pez como un tenedor, para que la sirena no se olvidara de lo que podría pasar si volvía a robar.

MEG 2013

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