El misterio de los nombres tergiversados

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Todo comenzó cuando tomaba lista en el aula de la escuela nueva. Descubrí que varios de mis alumnos tenían los detective mujernombres con errores ortográficos…

Si bien es cierto que los nombres propios no siguen reglas ortográficas, había algunos que parecían haber sido escritos con visible intención de salir de lo usual.

Seguí tomando lista y me encontré con un Shergio, una Ehtelvina, una Estephanya y una Sopiha. Me llamó poderosamente la atención que llevaban el estigma del cambio de letras y agregado de haches y otras letras que lo hacían complicado de escribir y memorizar.

Día tras día me encontraba con esa lista de “errores”. Me daba vueltas en la cabeza que había padres estrafalarios que ponían nombres extraños a sus hijos para que destaquen. Así lo comenté en los recreos con otras maestras.

─Parece mentira que haya padres que jueguen con los nombres de sus hijos.

─¿Por qué? ¿Qué pasó? ─preguntó la señorita Lucrecia.

─Los inscriben con nombres que tienen las letras fuera de lugar, con yes donde no van y esas cosas.

─En mi grado también pasa eso. Tenemos a Piter, Roszana y Tahtiana.

─¿Ah, sí?

─Sí, eso es común desde hace unos años. Antes no pasaba. Debe haber cambiado la ley que permite poner nombres inusuales.

─Puede ser ─contesté sin conocer mucho del tema.

Otra maestra se sumó a la conversación.

─En mi grado pasa lo mismo. Además de Tahmara y Exequyel tenemos a Georg. Ya estamos acostumbrados, parece que los chicos también. Les cuesta aprender a escribirlo pero luego se acostumbran.

─No me había pasado en la otra escuela… ¿Será por costumbres familiares? ¿Tienen algo en común esos chicos?

─No creo. Los míos no son familiares.

─Los míos tampoco.

─Solo hay una cosa en común ─se escuchó decir a la directora─. Estos chicos cuando llegan a sexto año son víctimas de un atentado.

─¿Qué clase de atentado? ─pregunté.

─Pasa un motociclista por la puerta del colegio y les arroja bombas de pintura. Hasta ahora no lo hemos podido atrapar. Nos mandan una guardia de la policía, pero no se quedan todos los días, y justo cuando no vienen aparece el motociclista.

─Ah, entonces lo tomaron muy en serio.

─Sí, lo tomamos en serio, claro. Todos los años aparece, para esta época justamente.

─Pero ahora no tenemos guardia.

─Es que no siempre pueden mandar gente. Y como no hace más que pintar a los chicos, no lo consideran peligroso.

Ese día comencé mi investigación. Comencé preguntando domicilios, pidiéndoles que hicieran un árbol genealógico y más información sobre actividades fuera de la escuela. Los chicos se fueron un poco enojados porque los llené de tareas, pero era necesario.

Al día siguiente comencé a corregir por los que me interesaban más. Busqué coincidencias, aproximaciones. Pero nada apareció. Ese día les pedí que averiguaran dónde habían nacido y en qué clínica y cuál fue el Registro Civil en que los habían inscripto.

Mi curiosidad se vio recompensada cuando, al día siguiente, pude observar que todos habían sido inscriptos en el Registro Civil de Remedios de Escalada.

Volví a comentar los resultados de la investigación en la sala de maestros. Mis compañeras decidieron indagar también. Un par de días después la conclusión era definitiva. El problema se circunscribía a ese Registro Civil.

Decidimos dar intervención a la policía. Nosotras no teníamos forma de saber qué pasaba en el Registro. Esa misma tarde la Directora habló con la detective Lopesca quien se presentó inmediatamente a entrevistarnos.

─¿Usted vio al individuo de la motocicleta?

─No, yo comencé a trabajar hace poco. Me contaron que en esta época del año hace de las suyas.

─¿Fue usted la que descubrió la vinculación de los alumnos?

─Sí, fui yo.

─La felicito, un buen trabajo de investigación.

─Gracias, detective. Ahora falta encontrar al culpable y el motivo, ¿no?

─Exacto. Para eso vamos a tener que trabajar en equipo.

─¿Usted dice…? ¿Qué yo la ayude?

─¿Por qué no?

─Con todo gusto. ¿Qué tengo que hacer?

─Quisiera que averigüe si alguno de estos chicos tiene un hermanito. Y en ese caso, cuál es el nombre. Tengo una teoría… Que el que está atrás de esto, tiene algo contra esas familias.

─Sí. Si compruebo eso, seguiremos buscando qué liga a las familias para hallar el motivo.

─De acuerdo. Mañana mismo les preparo una tarea, tal vez una redacción. Sí, “La llegada de mi hermano”. Así va a ser.

Lopesca se retiró de la escuela después de haber hablado con todas las maestras involucradas. Todas aceptaron seguir reuniendo información. La detective era muy convincente y tenía a su favor nuestra curiosidad, que era mucha…

Los niños trajeron sus redacciones y, como lo había previsto la detective, allí estaban las pruebas de que algo los unía, los hermanos menores también tenían nombres tergiversados y complicados. Aparecía un Artuhro, un Serjey y una Rozalía.

Ahora tendríamos que hablar con los padres para seguir averiguando. O tal vez a la detective se le ocurriría algo más. Así lo supe cuando sonó mi teléfono.

─Señorita Adela, ¿saben si esto pasó en otra escuela?

─No, que yo sepa.

─Nosotros no recibimos denuncias de otro establecimiento, pero sería de gran ayuda que averigüe eso. A veces pasan cosas y no las denuncian. Si pueden hablar con directores de otras escuelas, sería de gran ayuda. También necesito las direcciones de esas familias y… otra cosa: ¿los padres de los chicos se conocen? ¿Tienen alguna actividad en común? ¿El colegio los convoca por algo en especial?

─En cuanto sepa todo esto la llamo, Lopesca.

─Gracias.

Me sentía una investigadora con todas las letras. Fui organizando todo para obtener la información. En cuanto supe algo volví a llamar a la detective.

─Ninguno de los colegios de la zona ha tenido estos atentados. Parece que somos los únicos. En cuanto a los padres… no tenemos nosotros una actividad a excepción de la Cooperadora, y  algunos son miembros, otros no. No tenemos otra forma de vincularlos.

─Bueno. ¿Consiguió las direcciones?

─Sí.

─Voy a hacer un mapa con los puntos, a ver qué se ve.

─Bueno, si averiguara algo… ¿me contaría?

─Claro. Es muy buena ayudante, usted.

La detective Lopesca se retiró de la escuela y yo seguí trabajando y pensando al mismo tiempo algo más que pudiera ayudar. Volví a hablar con la Directora.

─¿Usted recuerda en qué año apareció por primera vez el de la motocicleta?

─Sí, déjeme hacer memoria… Fue hace tres años.

─Ajá. ¿Los nombres raros comenzaron en esa época?

─No lo sé. Habría que mirar los registros.

Terminó mi turno y me quedé en la secretaría revolviendo los registros de los últimos veinte años. Comencé a detectar nombres raros desde dieciocho años atrás. Llamé inmediatamente a Lopesca y le comenté.

─Un buen dato. Podría averiguar quién trabaja en el registro desde esa época. ¡La felicito! Se me está ocurriendo algo… ¿Hay en la escuela algún libro donde asienten las amonestaciones?

─Sí, claro. No deben ser muchas, el registro actual y tal vez otro anterior. No más.

─Bueno, por favor fíjese quiénes fueron amonestados hace veinte años.

─Así lo haré.

Al día siguiente seguí con mi pesquisa. Había pocas amonestaciones registradas. Pero hace veinte años… Hubo un incidente muy particular. El registro contenía un relato de lo ocurrido. Uno de los dos grados del último año fue partícipe de un incidente grave. Habían organizado una exposición en la sala de actos para mostrar los trabajos de ciencias. Uno se los stands había sufrido un accidente, se había prendido fuego. Y muchos de los participantes resultaron amonestados bajo la sospecha de que el incendio había sido intencional.

Recurrí a la Directora.

─¿Recuerda lo que pasó entonces?

─Sí, claro. Yo en esa época era profesora de último año del secundario. Tuve a mi cargo la organización de la feria de ciencias. Había muchos trabajos muy buenos. Ya habíamos seleccionado con el jurado que el  ganador sería un trabajo de una chica llamada Hariadna. Curioso, el nombre de esa chica se escribía con “H”. Cosa rara…

─Sí, muy curioso… ¿Qué pasó?

─Pasó que su trabajo era para pintar con una botella de spray que se llenaba con dos colores que salían simultáneamente y pintaban a rayas. Muy ingenioso. Pero se desató el fuego en su stand. Como imaginará la pintura, al ser combustible, quemó todo su trabajo. Se salvaron las maquetas de algunos chicos y… finalmente, premiamos a otro.

─¿Se supo quién inició el fuego?

─Vimos a unos chicos con elementos para el fuego y los detuvimos. Les pusimos amonestaciones y los desvinculamos del colegio. Recuerdo que uno decía que había sido Hariadna la culpable. Pero no le hicimos caso, porque… ¿quién querría estropear su propio trabajo?

─¿Qué pasó con Hariadna?

─Ella se fue del colegio. Abandonó. Solo le faltaban unos meses para terminar. Fue una verdadera lástima.

─¿Usted supo algo más sobre ella, después?

─Solo me contaron que comenzó a trabajar en una pinturería.

─Tengo la sospecha de que ella es nuestro motociclista misterioso.

─¿Por qué?

─Porque ahora debe estar trabajando en el Registro Civil.  Llamemos a Lopesca.

La detective se presentó de inmediato. Le contamos toda la historia y ella escuchó con detenimiento.

─Muy interesantes sus deducciones. Voy a averiguar si Hariadna es empleada del Registro… Pero hay algo que no me cierra. ¿Cuál sería el motivo por el cual le cambia los nombres a estos chicos? ¿Por qué después los hace blancos de sus atentados?

─Eso es algo que yo tampoco me lo explico. Tendríamos que hablar con algunos de sus compañeros de entonces…

─Muy buena idea, señorita Adela. Continúe con la investigación. Cuenta con todo mi apoyo.

Me dediqué, entonces a reunir los datos de sus compañeros de clase, mientras Lopesca visitaba el Registro Civil.

─Efectivamente, nuestra Hariadna es empleada del Registro, desde hace diecinueve años.

─¡Bien! Ahora le voy a dar una buena noticia. Este año se reúnen los exalumnos de la promoción de Hariadna. Cumplen veinte años de egresados. Vamos a ir a visitarlos en la reunión. Será en pocos días.

─Maravilloso, Adela.

─Acá tenemos la lista… y ¿sabe una cosa? Los apellidos de los chicos coinciden con los de los que tienen nombres raros en mi grado.

─¡Excelente! Muy buen dato. Quiere decir que ella está “castigando” a esos chicos, de alguna manera, como si fueran sus viejos compañeros.

─Claro. Este sábado en la reunión, recabaré más información.

Ese sábado asistí a la reunión. No me habían invitado a mí, sino a la Directora, que había sido su profesora. Pero los chicos no tuvieron problemas en dejarme participar. El ambiente era muy distendido, muchas anécdotas y chistes de los que se hacían en aquella época. En un momento la Directora preguntó si recordaban la feria de ciencias.

─Sí ─respondió un muchacho─, fue un lío tremendo.

─Fue cuando Hariadna quiso quemarle la maqueta a Claudio.

─¿Ah, sí?

─Sí. Ella tenía unos fósforos. Prendió uno y lo arrojó al stand de Claudio. Pero hubo alguien que lo vio y lo tiró para otro lado antes que prendiera fuego el stand.

─¿Y el fósforo cayó en el stand de Hariadna?

─Claro. Se le quemó todo a ella…

─Qué lástima, iba a ser la ganadora… Era muy ingeniosa su máquina de pintar.

─Ella pensaba que su trabajo era muy malo. Sentía envidia de los demás. Siempre era igual, no valoraba lo que ella hacía. Pensaba que los demás eran mejores ─dijo uno.

─Yo iba a su casa, a veces, tenía muchos aparatos que inventaba, pero cuando yo iba me los mostraba y luego decía: “es una porquería” y los rompía. Después dejé de ir. Me daba miedo y lástima ─agregó otro.

Al salir de la reunión, llamamos a la detective. Lopesca, siempre dispuesta, nos dijo que al día siguiente iría a la casa de Hariadna, con una orden de arresto. Ante nuestra sorpresa y preocupación, nos dijo:

─Yo les voy a pedir algo. Porque esta chica tiene problemas con su autoestima. Necesito que la visiten y la alienten a seguir creando cosas. No será mucho tiempo el que esté demorada. Tampoco tenemos pruebas de que fuera ella la de la moto. Pero necesito que intervengan, que la ayuden, porque solo así cambiará su hostilidad por algo positivo.

─Claro, cuente con nosotras.

Y así fue que un par de años después, tuvimos la sorpresa de que Hariadna había patentado su máquina de pintar a rayas. Fue un gran acontecimiento. Se hizo una reunión en su casa y fuimos las invitadas de honor. Hariadna estaba tan feliz que aceptó venir como asistente a preparar la feria de ciencias de ese año.

Tiempo después, un día que fui a visitar su negocio de inventos, le pregunté:

─¿Por qué les cambiabas los nombres?

─Porque mi nombre siempre me hizo sentir rara. Yo quería ser como los demás.

─Y… ¿ahora también?

─No. Ahora me doy cuenta de que más allá del nombre, todos somos diferentes.

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2 comentarios sobre “El misterio de los nombres tergiversados

    luhizz escribió:
    30 agosto, 2015 en 5:10 pm

    me encanto tu relato Mihrnus siempre con una moraleja, o algo positivo sigue escribiendo asi , felicitaciones!!

    Le gusta a 1 persona

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