El hacedor de oro

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cofre de oroEra un bello país, donde colinas de sembradíos se cruzaban con alamedas. Cada día el sol salía con la majestuosidad del oro sobre las hojas del trigo…

En ese país habitaba un rey muy codicioso. Siempre quería más riquezas. Por ello había contratado gnomos para trabajar las minas que se encontraban al otro lado de las colinas. Un sitio oscuro, ya que los rayos del sol se perdían entre las rocas.

Este rey se llamaba Danilo, y en su castillo vivía con su reina, bella como el día. También tenían un hijo y una hija, los príncipes que llevaban una vida muy austera, ya que el rey todo lo guardaba, nada gastaba. Aunque su hijo, de vez en cuando algo le robaba y se marchaba a conocer el mundo.

Hasta que un día…

El rey recibió a un mensajero que venía de tierras lejanas. El hombre venía ataviado con ricos ropajes y viajaba en un caballo de gran belleza. El mensajero pidió hablar con su Majestad y cuando lo llevaron ante su presencia extrajo una hoja de su bolsillo y leyó lo que decía:

“En el sur del país existe un hechicero que convierte la mies en oro. Si deseas que te brinde sus servicios solo debes prometerle la mano de tu hija”.

Ese era todo el mensaje. A lo cual el rey respondió:

─Mensajero, ¿cuándo podría venir el hechicero a palacio?

─Él me dijo que esperaba que tú fueras.

─Yo no iré a menos que me de alguna prueba de que lo que dice es verdad.

─Pues… aquí la tiene, Su Majestad ─dijo el hombre extendiendo un objeto de oro─, es una espiga convertida en oro.

El rey la examinó y se convenció de que era una espiga de verdad.

─ ¿Tú serías capaz de guiarme para conocer a tal hechicero?

─Por supuesto. Él me dijio que lo hiciera. Pero también debes llevar a tu hija.

─De acuerdo. Mañana partiremos.

El rey fue a llevarle la noticia a su familia. La reina no estaba conforme. Le exigió que prometiese que si la joven no aceptaba el trato, no la comprometiera contra su voluntad. La princesa estuvo de acuerdo. Ella había soñado con un príncipe y temía que el hechicero fuera un ser detestable.

Al día siguiente se encaminaron hacia el sur. Después de toda una jornada llegaron al hogar del hechicero. Cuando este salió de la casa, todos quedaron sorprendidos pues era un joven de gran porte y extraña belleza y al hablar quedaron más sorprendidos aún, ya que lo hacía con gran mesura y consideración.

El rey estaba ansioso por conocer las dotes mágicas del hombre y sin preguntarle a su hija comenzó a decir:

─Veo que eres un hechicero muy especial, vamos a hacer nuestro trato.

La joven se sintió atraída por Laureano, que así se llamaba el hechicero. Pero no le gustó que su padre no tuviera en cuenta su parecer. Sin embargo, por no contradecir a su padre, no dijo nada.

El rey y el hechicero mantuvieron una larga charla. En ella acordaron que todas las mieses del reino se convertirían en oro al momento en que su hija se desposara con él.

El rey, que no confiaba demasiado, exigió una prueba de verdad y el hechicero respondió que al momento de besar la mano de la princesa su caballo se convertiría en oro.

Así hicieron, la princesa extendió su mano y al instante en que los labios del hechicero se posaron sobre ella, el caballo se convirtió en una formidable estatua de metal dorado.

El rey no cabía en su asombro e inmediatamente cerró el trato.

La reina, en el castillo, pensaba en la suerte de su pobre hija. Estaba preocupada, pero en definitiva confiaba en su marido.

Al cabo de dos días la comitiva volvió con una carreta en la que transportaban el caballo de oro. La carreta era tan pesada que tuvieron que disponer seis caballos para tirarla. A cada rato se les quedaba atorada en las piedras del camino. Así es que el viaje de vuelta, que debió durar día y medio se prolongó hasta una semana. Los reyes y la princesa llegaron al castillo, exhaustos y malhumorados.

Así y todo, los pajes y demás hombres de confianza del rey celebraron la hazaña y comenzaron a realizar los preparativos para la boda real.

Una noche de verano, en que la luna brillaba como un sol, los novios se juraron amor eterno. Y a la mañana siguiente todas las colinas brillaron espectacularmente, ya que el sol se reflejaba en oro puro.

Pasaron semanas y el hechicero y la princesa, que habitaban en la casa del mago, rodeados de sembradíos y animales, fueron muy dichosos pues llegaron a amarse verdaderamente.

Pero en el reino del rey Danilo, la gente moría de hambre, ya que habían perdido la cosecha a causa del trato del rey.

Llegó un momento en que hasta la reina enfermó gravemente. El rey se puso muy triste, ya que amaba realmente a su esposa. Pero no sabía cómo hacer para deshacer lo que había hecho.

La noticia de los males del reino llegó a oídos de la princesa. Ella quiso interceder con su marido para que revirtiera el hechizo. Pero el hechicero le explicó que solo el rey podía revertirlo, sin dar mayores explicaciones. La princesa quiso saber cómo podría ocurrir eso, pero no logró que su marido le explicara.

Un buen día en que los soles del verano se iban diluyendo, el rey exhausto y triste elevó una plegaria. Deseó con todas sus fuerzas deshacerse de todo el oro con tal que su esposa se curara y deseó también que todas las mieses volvieran a dar sus frutos para que los súbditos tuvieran alimento.

Ese día, llegó nuevamente el mensajero y anunció al rey que el hechicero le ofrecía un nuevo trato. El rey leyó la nota que le enviaba, en ella decía: “todo cuanto tienes que hacer es renunciar a tu corona”. Al terminar de leer la nota, la arrojó al piso y la pisoteó. Nada hubiera sido tanto sacrificio como aquello que le pedía. Al verlo actuar así, la reina y su hijo le preguntaron.

─¿Qué piensas hacer? ─preguntó el príncipe─. Yo no deseo ser rey.

─Si tú no lo haces, tendré que dejarle el trono a tu hermana. Y así el hechicero se convertirá en rey. Y conociendo sus poderes no puedo imaginar lo que podría llegar a hacer…

El príncipe meditó un rato.  Iba y venía por el salón. Le molestaba tener que dejar su vida de viajero y tener que quedarse en el reino para cumplir su papel del rey.

Finalmente le dijo a su padre: “yo no deseo gobernar, tendrás que hacer un trato con el hechicero”.

Pero su padre no aceptó su negativa. Después de prometerle que no tenía que resignar su vida por el reino, logró convencerlo para que aceptara.

Cuando le comunicaron esto al hechicero, quedó aceptado el trato y el día en que el príncipe fue coronado su madre mejoró y las mieses se volvieron a convertir en plantas para que todo el reino disfrutara de la cosecha.

Pero lo que el rey prometió a su hijo no pudo cumplirse, porque el trato decía que si el príncipe salía del reino todo volvería a ser como antes. Así que el príncipe no podía poner un pie fuera de los límites de su territorio.

Pasaron días, semanas, meses y el príncipe se encontraba cada vez más cansado y hastiado de su destino. Sus padres trataban de consolarlo y le traían visitantes de otros lugares para que le contaran de sus aventuras. Pero eso no hacía más que aumentar su sed de viajes.

Mientras tanto, en su granja, el hechicero y la princesa eran muy felices. Ya estaban esperando un hijo y los dos se querían sinceramente.

La madre del nuevo rey se lamentaba con su esposo Danilo.

─No podemos dejar que nuestro hijo viva encerrado. Está sufriendo. Mira lo triste que se lo ve. Nada le interesa. Nada lo alegra.

─Tendré que hacer otro trato con el hechicero. Algo debe haber que podamos hacer.

Pero el rey se retiraba a su habitación y meditaba mirando su caballo de oro. Y no encontraba qué ofrecerle al hechicero a cambio de la libertad de su hijo.

Sin embargo al día siguiente apareció un nuevo mensajero, quien traía una nota del hechicero.

“Para liberar a tu hijo deberás permitir que tu hija me conozca como realmente soy. Y después de este hechizo no tendrás posibilidad de pedirme nunca nada más”.

El viejo rey meditó un rato. Les leyó la nota a su mujer y a su hijo y entre los tres deliberaron.

El rey decía que no podía pasar nada malo, que el hechicero se había comportado de mil maravillas con su hija y eso no cambiaría. La reina decía que no era conveniente arriesgarse. Podía ser un ogro con piel de hombre y su hija no lo resistiría. El rey joven sentía que toda la responsabilidad recaía sobre él ahora. Si elegía mal su hermana sufriría y también el hijo que ella esperaba.

Al día siguiente el nuevo rey y sus padres se dirigieron a la casa del hechicero. Se presentaron muy temprano y vieron cómo el sol comenzaba a iluminar la casa vistiéndola de colores, cómo el ganado parecía engordar a la luz del sol. Escucharon cantar a su hermana quien se levantaba muy temprano a preparar el desayuno para su marido. Y vieron cómo el hechicero le devolvía la atención con un ramo de flores frescas.

Entonces llamaron a la puerta.

El hechicero se presentó y vio a la comitiva. Se sorprendió porque no habían llevado sirvientes. Eran ellos tres. Con cara de preocupados.

─Quisiéramos hacer otro trato. No queremos que mi hermana sufra ─dijo el Rey.

─¿Qué trato proponen?

─Yo puedo permanecer en el reino la mayor parte del tiempo, pero una vez al año viajaría y ustedes quedarían a cargo de todo.

─Nosotros no deseamos eso.

─Entonces me quedaré para siempre, pero necesitaré buena compañía. ¿Podrás proporcionármela?

El hechicero comenzó a ponerse rojo, verde, azul. No había esperado semejante demostración de generosidad. Ya cuando su color era violeta se dio cuenta de que su mujer lo miraba, asombrada. El hechicero, sin darse cuenta, había tomado su verdadera forma y era un hombre mitad humano y mitad animal. Para ser más exactos, tenía cuerpo humano y cabeza de león.

─Has roto todos los hechizos ─le dijo al rey, sorprendido─. Ahora mi mujer sabe quién soy y deberá demostrar si realmente me ama.

El rey le preguntó entonces al hechicero:

─¿Tú realmente la amas?

─Sí.

─¿Por qué no apareciste ante ella como quien realmente eres?

─Porque tú deseabas un heredero al trono para ella.

─Entonces el culpable de todo soy yo.

─No pienses en eso, padre ─dijo la princesa─. Mi marido no tiene forma humana pero yo le quiero igual.

Entonces, por obra de esas palabras, se levantó el encantamiento. Y el hechicero volvió a tener la forma del joven de quien ella se había enamorado.

─¿Qué es esto? ─preguntó el rey.

─Esto es lo que debía ser ─respondió el hechicero─. Todos debíamos realizar algún sacrificio para mejorar. Incluso yo. Mi maestro, me había enviado con pruebas y salimos airosos. Ahora podemos disfrutar lo que tenemos ya que todos hemos aprendido a valorarlo más.

Y esa noche hicieron una pequeña fiesta familiar y continuaron felices por muchos años.

Meg 2016

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