La araña Palmira

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Palmira es casi como cualquier araña. Es cierto que su cuerpo está cubierto por una cabellera espesa y enrulada. También es cierto que teje que teje todo el día. Y no miento si digo que tiene ocho patas y ocho ojos como todas las arañas. Pero lo que también es verdad es que es bizca. ¡Bizca de sus ocho ojos!

Se preguntarán qué le pasa a una araña bizca de sus ocho ojos… Pues que camina haciendo eses todo el tiempo. Nunca se sabe si va o si viene. Tan complicado se le hace tejer moviendo alternadamente sus patas que a menudo se le cruzan las ocho y… ¡Bum! ¡Se va al suelo y queda hecha un nudo marinero!

Las arañas vecinas de Palmira querían ayudarla. Se turnaban dándole indicaciones para tejer sus telarañas.

—Un poco más adelante, no te tuerzas, vuelve hacia la izquierda! —decía una.

—Un pasito para atrás, ahora derecho, no, no, a la derecha. ¡No! A la izquierda… —decía otra.

Pero era imposible que nuestra amiga tejiera como ellas.

Una no le tenía paciencia y se enojaba.

—¡Así no, Palmira! ¡No entiende lo que le digo!

Otra hablaba tan rápido que Palmira no le entendía.

—Vayaderechitohastalaramamáscercanayajustebienlateladespuéssevuelve…

Otra más no sabía cómo explicarle la técnica.

—Yo creo que debería dejar caer el hilo y tal vez… No, en lugar de eso, estire el hilo hasta la rama, o mejor lo enrolla en otra ramita aunque…

Por fin se dieron por vencidas y llamaron a una maestra tejedora que vivía más lejos. La tejedora pasó toda la tarde enseñándole a tejer acompañada por una canción que decía:

Unos pasos hacia arriba

y los extremos se ligan

unos pasos hacia abajo

y se aseguran los lazos

vueltita para la izquierda

la trama a verse comienza

después hacia la derecha

y ¡lista está nuestra pieza!

Esa vez Palmira logró enhebrar unos hilos pero el resultado no fue lo que la tejedora esperaba.

—Yo más no puedo hacer –dijo con tristeza—, si la dejo tejer sola hace agujeros y más agujeros –y se marchó de nuevo a su casa.

Palmira intentó entonces tejer sola. Las vecinas la miraban y decían:

—Pobre, no le sirvieron de nada las clases. Sigue haciendo agujeros –y corrían a socorrerla.

Palmira sufría porque nunca podría hacer su trabajo por sí misma. Siempre dependería de alguien que la ayudara.

Pero ocurrió que una noche, estaba llorando sola en la oscuridad, cuando apareció Lucía Luciérnaga.

—¿Por qué lloras?

—Porque no logro hacer un tejido como las otras arañas.

—¿Cómo son tus tejidos?

—Mis tejidos son raros, con muchos agujeros

—¿Puedo ver uno?

Palmira comenzó a tejer despacito, iluminada por la luz de Lucía, siempre haciendo eses.

Unos pasos hacia arriba

y los extremos se miran

unos pasos hacia abajo

y comienza un gran abrazo

vueltita para la izquierda

la trama es suave y moderna

después hacia la derecha

y ¡al medio para otra vuelta!

—¡Palmira! Tu tejido es hermoso.

—No puede ser, si ni siquiera cuando me ayudan puedo hacerlo bien.

El tejido era una fina mantilla, blanca y resplandeciente, de casi un metro de largo. Estaba formada por ochenta y ocho ochos que creaban unas delicadas cadenas de seda.

—Para mí es hermoso. Y como estoy por casarme te voy a hacer un pedido especial.

—¿Cuál?

—Quisiera tu tela para usarla como manto nupcial.

—¡Claro! ¡Eso me haría muy feliz!

La boda se celebró y el tejido acompañó los pasos de Lucía hasta donde la esperaba su novio.

Las arañas que asistieron estaban un poco confundidas con ese moderno tejido, pero se las escuchó decir que también les gustaba.

Desde ese día, nuestra amiga no lloró más. Sus telas recorrieron todo el vecindario porque Lucía y Palmira se dedicaron a hacer vestidos.

Eso sí, cada vez que los animalitos del barrio ven pasar una novia, al mirarla se ponen bizcos como Palmira…

Meg © Todos los derechos reservados

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4 comentarios sobre “La araña Palmira

    Eva Loureiro Vilarelhe escribió:
    17 diciembre, 2017 en 3:47 pm

    No hay nada como sacar partido de aquello que nos individualiza, por mucho que sea visto como un defecto… Me gusta la ingenuidad y pureza que destila tu relato, además de que conocer a un par de arañas emprendedoras no tiene precio 😉 Un abrazo 🙂

    Le gusta a 1 persona

      mireugen respondido:
      17 diciembre, 2017 en 3:55 pm

      Muchas gracias, Eva. Me alegra que te guste. Es cierto lo que dices, convertir algo que parecería negativo en positivo es lo mejor que nos puede pasar. Lo sabe mucha gente y esta araña lo ha comprobado de la mano de su amiga la luciérnaga.
      Un abrazo

      Me gusta

    Julia C. escribió:
    19 diciembre, 2017 en 11:48 pm

    Un cuento precioso con una moraleja importante, y es que no hay nada que esté bien o mal, solo hay cosas “diferentes”. Muy tierno, Mirna, me ha gustado mucho.

    ¡Un abrazo!

    Me gusta

      mireugen respondido:
      19 diciembre, 2017 en 11:55 pm

      Muchas gracias Julia. Quise expresar que no hay una sola forma de hacer las cosas y que la belleza no es un concepto
      Único
      Gracias por tu visita y tus palabras.
      Un abrazo

      Me gusta

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