¡Mi perro era un sabueso!

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sabueso

Una tarde de noviembre

con rasquidos en la puerta

se anunciaba un regalo

Negro de largas orejas.

La mirada de ternura,

la cola de pura fiesta.

Y un ladrido de adoptame

y haré tu vida más fresca.

Abrí la puerta encantada

lengüetazos de tibieza

y sin pedirme permiso

se adueñó de una maceta.

Le compré collar correa.

Salíamos en las siestas.

Y el barrio así fue testigo

de una amistad muy traviesa.

Le gustaban las begonias

de la señora de al lado.

Se traía dos o tres.

Yo las ponía en un vaso.

Cada ramita caída

de los árboles del barrio

era un hueso de madera

que traía hasta mi mano.

Un buen día descubrímos

Que era muy bueno olfateando.

Lo vi rascando una cueva

junto a un pino milenario.

Me acerqué a investigarlo.

Mi perro chumbaba raro.

Y ahí abajo arrinconado

un tesoro había encontrado.

Lo ayudé con una pala

Juntos tiramos de eso.

Era una caja de cartón

que pesaba como yeso.

Nos sentamos en el pasto

él con su pata tanteaba.

Yo abrí la caja y vimos

que un gran hueso allí estaba.

Debe ser de un elefante

o quizás de una jirafa.

Lo llevamos a mi casa

para que mamá opinara.

Amigos ¡qué gran sorpresa

cuando mamá lo googleó!

La compu decía que era

de un dinosaurio feroz.

Y comenzó la pesquisa.

Al dueño había que hallarlo.

Horas, días, semanas, meses,

olfateando y olfateando.

Una tarde algo plomiza

con aroma a manzanar

al pirata de los huesos

por fin pudimos hallar.

Era un hombrecito chueco

con cuatro pelos y un lunar,

trabajaba en un museo

y cajas solía llevar.

Lo seguimos por tres días

y sorpresa nos llevamos

cuando vimos que enterraba

varias cajas en el barrio.

¿Qué haríamos? Me preguntaba,

pero mi perro callaba.

Y cada vez que salíamos

volvíamos con otra caja.

Poco a poco nos armamos

un esqueleto gigante,

triceratops con sus cuernos

y pico de enorme ave.

ya no cabía en la casa

mamá nos habló sin rodeos

había que dar aviso

a los verdaderos dueños.

Contamos como pudimos.

El dueño del museo estaba

emocionado que el dino

Iba a volver a su casa.

Dijo que hacía mucho rato

les robaban en secreto.

El dino fue trasladado

y se reunió con el resto.

No sé qué pasó con el ladri,

dicen que al fin lo atraparon

cuando llevaba otra caja

con huesos de triceratops.

Mi perro y yo nos ganamos

una buena recompensa.

A él le dieron unos huesos

Con carne, sal y pimienta.

Yo gané una temporada

clasificando los huesos

de un dinosaurio gigante

que del África trajeron.

Y esta es toda nuestra historia

de mi perro yo y los huesos.

¡Qué bueno que mi mascota

resultó ser un sabueso!

 

Meg © Todos los derechos reservados

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