Ardillas sin sombrilla

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Este cuento podría ser de ciencia ficción o de fantasía. Intentaba escribir lo primero, pero a veces los límites son un poco difusos. También iba a ser un cuento para adultos, pero las ardillas me ganaron… Sin embargo, no es un cuento para niños muy pequeños, tal vez para niños de nueve años en adelante.

Advertencia para los lectores de móvil: es un cuento de siete páginas A4, por lo que recomiendo se lea en algo más cómodo. Espero lo disfruten.

ardillas extraterrestres

En la base de lanzamiento, el cohete U22 se aprestaba a despegar. Era un vuelo especial, llevaban una carga importante. Los esperaban en la base permanente de Saturno, en la luna llamada Titán. En los últimos días se había registrado una lectura extraña del radar de la base, pero como no se veían consecuencias, la situación no era de emergencia, aún.

La base instalada para llevar residuos nucleares era un lugar muy seguro, o eso se creía. Una mínima pérdida venía siendo registrada desde el planeta Nadie, situado en una nebulosa cercana llamada Cinturón de la Sombrilla. Allí, entre planetas y asteroides, vivía una comunidad muy especial, los nadies, seres pequeños, peludos, con orejas paradas y con bigotes. Eran semejantes a nuestras ardillas, pero tenían una particular capacidad para moverse por el espacio sin sufrir los efectos negativos de los rayos solares, además de haber desarrollado una tecnología de avanzada en transporte y comunicaciones.

La comunidad de ardillas, al detectar la radiación nuclear, se había puesto a la defensiva. Hasta que un día, ubicando la fuente, decidieron dar un paso más. Fueron llegando a Titán en sus pequeñas naves similares a lanchas de carrera y se dedicaron a la búsqueda de la fuga. No les resultó difícil localizarla en una compuerta mal sellada. Una vez solucionada, se quedaron para reclamar para sí lo que habían arreglado.

En la base ignoraban todo esto. Vivían una tranquilidad ficticia, tan ficticia como la lluvia que habían logrado tener gracias a un complejo sistema de riego de altura. Los pocos habitantes de Titán sabían que existían otras culturas, pero habían calculado que las distancias imposibilitaban cualquier traslado. Por eso se sentían seguros y no dudaban que, si había efectos negativos de su basurero en el resto del cosmos, nadie vendría a reprochárselos.

Poco a poco los nadies se fueron organizando. Tenían un líder que conocía de batallas. Había sido general del ejército contra los ñums, un pueblo de belicosos koalas que habían dejado los árboles para instalarse en cuevas subterráneas. Pero estos seres de patas largas representaban un problema más serio, no por sus características belicosas sino por su indiferencia al bienestar estelar. Y además, poseían unas piernas que les permitían correr con mucha más velocidad que los nadies.

El general Hany reunió al grupo de voluntarios y les dijo:

─Hoy comienza una nueva guerra. Los seres de patas largas están más preocupados por la programación del cable que por cualquier amenaza externa.

En pocos días pergeñaron su plan. Iban a rodear la base con una carga de un explosivo especial, creado a partir de sustancias orgánicas. Sí, sus mismos desechos orgánicos servirían para hacer volar por los aires a esos seres antipáticos.

En la base comenzaron a percibir señales de movimiento, pero, aunque usaron los mejores detectores, no lograron dar con ninguna forma de vida. Y es que los nadies, salían con el sol y bajo ese baño de rayos solares se hacían invisibles para la tecnología humana.

Así fue que cuando la U22 llegó a destino, nada sabían en la base de lo que se estaba gestando a su alrededor.

Tras el alunizaje, los astronautas se instalaron en sus puestos. Habían llevado una nueva versión de mascotas que, se suponía, iban a mejorar la calidad de vida de los que habitaban la base. Las ardillas habían sido modificadas genéticamente, en especial se habían mejorado sus habilidades para socializar con las personas y parecerse a perros. Tenían ventajas sobre estos últimos, ya que sus pequeñas manos prensiles les permitían hacer tareas como tomar cosas y alcanzarlas, nada de mucho peso, pero podían manipular delicados instrumentos de electrónica. Y no eran tan inquietas como los monos…

Paralelamente a la algarabía desatada en la base, afuera, el ejército de nadies se aprestaba a atacar cuando detectaron a las nuevas criaturas recién llegadas.

El general Hany detuvo la avanzada. Esos seres eran sospechosamente parecidos a ellos y quizás deberían llevar adelante otra estrategia para no dañarlos. Inmediatamente se avocaron a investigar. Con los datos que fueron reuniendo a través de sus potentes radares fueron llegando a la conclusión de que eran una civilización más atrasada que ellos y que había sido dominada por esos seres de patas largas.

Hany ideó entonces un nuevo objetivo. Si los seres de patas largas eran tan descuidados como para no notar una filtración de radiación, serían lo suficientemente tontos como para confundir a sus dominados con los miembros de su ejército.

De a uno se fueron infiltrando. Fueron capturando a los ejemplares de la civilización atrasada y los condujeron a sus naves. Al mismo tiempo, sus soldados fueron tomando su lugar.

Lo que no sabían los nadies era que esa misión tenía por objeto evaluar el comportamiento de las ardillas, saber si se adaptaban a condiciones de trabajo reales y que si fracasaba, serían conducidos a la Tierra nuevamente para volver a un zoológico.

El general Hany fue el último en infiltrarse. Mientras él llevaba a cabo su maniobra de ataque interno, las ardillas fueron conducidas al planeta Quien y las naves volvieron para buscar a los nadies que habían quedado en Titán.

Los nadies no habían contado con el buen trato que les darían los seres de patas largas. Eso hizo que de alguna manera se fue gestando un motín en contra del general.

Mientras desarrollaban tareas de asistencia a los ingenieros de la base, los nadies complacidos no pudieron dejar de asesorarlos e indicarles mejoras en sus sistemas de comunicaciones. Los humanos al principio no los tomaban en serio, pero bastó con que uno probara una sugerencia para que todos festejaran el buen resultado y se dejaran guiar.

La táctica de los nadies, que había sido “conocer al enemigo” para luego destruirlo desde adentro, se vino abajo. El general fue el único que siguió disconforme, incapaz de apreciar las bondades de la vida que le ofrecían. Pero le fue naciendo otra idea.

Una vez que los nadies sintieron que los humanos los “seguían” fueron intensificando los niveles de sugerencias para que los humanos se hicieran cada vez más dependientes de ellas.

El comandante de la base, sin embargo, no estaba del todo convencido de las habilidades de las ardillas experimentales. En una videoconferencia, habló con la responsable del adiestramiento de los animales. Así confirmó lo que sospechaba. Ningún entrenamiento había incluido habilidades tales como la electrónica o la nanorobótica.

Cuando se reunieron los humanos a discutir el asunto, los nadies estaban durmiendo. Sin embargo los nadies tienen habilidades telepáticas, por lo que sus sueños revelaron las conversaciones que los humanos mantenían a escondidas.

El general Hany despertó sobresaltado. Supo que las intenciones serían conducirlos a la Tierra para estudiarlos con detenimiento. También supo que en ningún momento sospecharon que ellos eran invasores. Tan tontos eran los humanos.

Reunidos los nadies a debatir el asunto con las autoridades de Nadie, algunos se inclinaban por seguir la invasión a la Tierra, mientras otros proponían terminar eso allí, exterminarlos y volver al planeta.

El general al final dio su opinión.

─Quien sabe si podremos tener otra oportunidad tan clara de mimetizarnos con su cultura e invadirlos sin que se den cuenta. Voto por ir a la Tierra y seguir con el plan de invasión.

Más de la mitad de los nadies festejaron. Los otros aceptaron a regañadientes, pero como entre ellos reinaba el más absoluto respeto por las mayorías, no siguieron oponiéndose.

Los nadies siguieron haciendo sus aportes a las tareas de la base hasta que, finalmente, se decidió volver a la Tierra con el cargamento de ardillas.

Ya en el planeta comenzaron los estudios y los nadies se vieron confrontados con las verdaderas ardillas. Se armó un poco de revuelo los primeros días porque las ardillas querían comunicarse con ellos en un lenguaje muy primitivo y los nadies les preguntaban cosas que las otras no sabían. Pero en el laboratorio, los extraterrestres comenzaron a aprender costumbres de ardillas como comer nueces y trepar árboles. Y siguiendo su estrategia, no hicieron más aportes a la tecnología, confundiéndose así completamente con sus pares terrestres.

El estudio concluyó que eran ardillas totalmente normales. De ahí que cayeran bajo sospecha los miembros de la base quienes aseguraban que las ardillas tenían poderes especiales. Eso desencadenó la decisión de cerrar la base por un tiempo, hasta que estudiaran los efectos de la vida en Titán.

Los hombres fueron dados de baja por motivos médicos. No sirvió de nada que el comandante y toda la tripulación se ofrecieran para nuevas pruebas. La decisión se había tomado como medida de precaución para futuros tripulantes.

Mientras tanto, los nadies sabiendo que habían conseguido un primer triunfo, siguieron influenciando a las ardillas. Como si de una escuela se tratara, les enseñaros artes que los animales terrestres aún no habían desarrollado. Para empezar, la telepatía, siguiendo por las habilidades lógicas y terminando por conocimientos sobre la naturaleza de las cosas, como saberes de física, química y astronomía.

Las ardillas resultaron ser buenas estudiantes. Poco a poco se fue formando un batallón de ardillas superdesarrolladas. El general Hany procedió a develarles su plan. En poco tiempo se apoderarían de la Tierra y eliminarían a la raza de patas largas o la encerrarían en esos lugares horrendos que eran los zoológicos.

Pero los nadies no contaban con un arma secreta de los humanos: las nueces.

Esas pelotas rellenas del más exquisito manjar, crujiente, sabroso, cuyo sabor quedaba en la lengua por un largo rato.

La encargada del laboratorio las usaba para premiarlas cada vez que aprendían algo nuevo. Y como aprendían rápidamente, comenzaron a ingerir grandes cantidades de nueces. Es sabido que comer muchas nueces engorda, pero los nadies tenían una predisposición especial para asimilar las nueces y eso no lo sabían. Así es que nuestros nadies comenzaron a aumentar de volumen sin darse cuentan ni poder evitarlo.

Nadie supo nunca que el planeta Tierra estuvo amenazado por extraterrestres. Solo se enteraron de que una comunidad de ardillas muy grande había poblado un bosque y lo estaba devastando. Ni un solo nogal había sobrevivido. Y las ardillas se habían enfermado de indigestión. Poco después desapareció la plaga y nunca se supo que habían vuelto al planeta Nadie sin cumplir con su misión.

El informe del general Hany decía: los seres de patas largas tienen un arma química muy poderosa que genera adicción y enferma a los nadies. No se recomienda volver a su civilización, por el bien de nuestra preservación.

El informe de la investigación de los seres de patas largas solo decía que nadie había saboteado la misión por lo tanto los sistemas no habían detectado a nadie. Es notable cómo, sin saberlo, habían encontrado la respuesta. Pero nadie lo sabría.

Meg © Todos los derechos reservados

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